Y todo esto nos daba a entender que la
suerte estaba de mi lado, no necesitaba
tanta tampoco.
Hasta que caíste, todavía me acuerdo, casi revolcándote y llorando como cuando eras de cinco. Tal vez deberías haberlo pensado antes, pero casi nadie lo hace. Es como pensar que no vas a estar más mañana, fué pensar que no ibas a estar más mañana.
Y pensar que nos agarramos de eso para emprender nuevos caminos que no terminaron en nada, y como siempre digo, nada sale bien de la nada.
Aunque ese día ya no queda en nada, y nada ya no es.
Recientemente me alegré de que todo vaya floreciendo y que los mares se calmen, aunque la calma dura muy poco.
Te mando mi saludo desde tan lejos y seguramente en el próximo diluvio te vuelvo a ver, aunque es la primera vez que no quiero que caiga la lluvia.
Mejorá esa cara, por favor, danos esa ventaja.

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